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las piscinas

3 Jul

Hace poco se publicó una noticia sobre que unos familiares habían agredido a un socorrista por que la niña de cinco años se había tirado a la piscina sin protección. Y dentro de nada, por desgracia, saldrán más noticias de niños ahogados en piscinas, sobre todo privadas.

Y es que las piscinas aparte de divertidas y de ayudarnos a soltar nuestras energías y las de los pequeños, son peligrosas, no nos podemos fiar.

Yo lo que suelo hacer es meterme con ellos y si, en ese momento, no me apetece me siento en la orilla a vigilar, eso y llevarles a natación durante el invierno, para asegurarme, no tanto de que sepan nadar con una técnica impecable, si no de que se saben defender en el agua, de que saben flotar por lo menos.

A parte de las recomendaciones cotidianas sobre protección solar, cortes de digestión y no exponerlos a sol durante las horas de más calor, mi recomendación principal es la de no perder de vista a nuestros hijos cuando hay una piscina cerca, por muy pequeña que esta sea.

Ya ha llegado el verano, y con él llegan peligros extras, y está claro que no podemos atarlos para que no les pase nada, pero si que hay que educarles en los peligros, explicarles que les puede pasar y estar vigilantes.

Lo mismo pasa con las bicis, monopatines, patinetes y todos los vehículos sin motor. cada vez hay más coches y hay que estar al tanto de cada cruce por el que vamos a pasar.

No sé como lo hago, pero es llegar el verano y me salen ojos en la espalda, por que además los niños tienen un don especial para que, en los momentos en los que parece que nada les puede pasar, ellos se buscan las vueltas para desafiar todas las leyes físicas de este planeta desde la de la gravedad hasta la de la relatividad y hacerte dudar de su existencia.

Por que con ellos todas las precauciones son pocas, dejándoles siempre que investiguen el mundo, que se pongan a prueba a sí mismos, pero con el corazón en un puño.

Los tiempos cambian

12 Jun

Hoy, esta mañana, hablando con un amigo, nos hemos planteado como ha cambiado todo desde que eramos pequeños, antes, por regla general, las madres estaban en casa, con nosotros, la tele estaba preparada con programas dedicados a los niños a la hora de merendar, la mayoría de cumples eran con amigos, en casa, metiendo pajitas en coca-cola, teníamos menos juguetes y en el verano no había mucho problema, por que mamá se quedaba con nosotros.

Pero todo ha cambiado, las madres, ahora, salimos a trabajar con horarios mejores o peores, pero no nos dedicamos al hogar en exclusiva, la tele no nos espera, si hay suerte no echan un capítulo repetido de cualquier serie de dibujos de segunda, los cumples son parques infantiles o de bolas, les sobran los juguetes y el verano se complica, hay que tirar de campamentos, familiares, cursos, canguros…

Pero dónde me pierdo es en, que está claro que todo ha cambiado, nadie se atrevería a decir lo contrario, entonces ¿Por qué en materia del cuidado de los niños no se han producido avances? Me aclaro. Si todo el mundo sabe que las mujeres ya no estamos en casa, que salimos a trabajar y que por supuesto no tenemos dos meses de vacaciones ¿Qué tenemos que hacer?

Los campamentos ofertados por el ayuntamiento o la comunidad son, claramente, insuficientes, y si con mucha suerte consigues plaza, lo mismo te tienes que cruzar media ciudad para dejarlo.

Los campamentos privados, que son la mayoría, suponen un coste a las familias elevadísimo, que muchas no pueden soportar, lo mismo pasa con los cursos, de inglés, natación, refuerzo escolar… o con contratar a alguien para esa temporada.

Y la otra opción supone una molestia para terceros, que no digo que los abuelos, tíos o quién sea no se queden con los niños encantados, pero supone un comecocos por el que tienes la sensación de estar interrumpiendo sus rutinas, de estar abusando de ellos, de que dependan de ti para moverse.

Creo que debería hacerse una política social real, para la vida real y para problemas y coyunturas reales, sin embargo esas políticas son inexistentes, aunque por otro lado, pensándolo un poco, en conciliación estamos como estamos, mal, nos queda mucho por andar y eso sin contar el problema del verano,hasta que llegue a este punto nos queda un rato. Años.

Recordar

9 Jun

Hablamos en diferentes idiomas, o esa es la impresión que me da muchos días, pero tiene que ser eso, seguro, no encuentro otra explicación, bueno también puede ser que hable en otra frecuencia y no me oigan…no lo sé ¡No me entienden!

Lo que sé es que hay veces que me cuesta sangre, sudor y lágrimas que me hagan caso, pero no hablo de cosas complejas como construir algo, o drenar un lago, me refiero a casos un poco más sencillos, como calzarse, ir a cenar, irse a la cama, ponerse el pijama…

He de reconocer que, en ocasiones, agotan mi paciencia, y en vez de contar hasta tres, o diez o cien, me da por pensar que tienen que entender que estoy cansada, que tengo prisa por hacer las tareas domésticas, la cena, los baños o que tienen que tener en consideración que no pueden hacer ruido porque papá ha tenido turno de noche y está durmiendo, no se les puede olvidar. Mi marido en ocasiones, cuando están jugando, y ya sabemos como juegan algunas veces, (corren, gritan, se persiguen….), les empieza a regañar, no os dais cuenta de esto o lo otro, de pronto se para, recapacita y les esgrime, en tono de broma ¡parecéis niños! Da media vuelta y se va.

Llevamos un ritmo de vida tan frenético que de verdad a veces nos olvidamos de qué sí que son niños, de que tienen mucha energía que tienen que exteriorizar de alguna manera, tienen que aprender, jugar, correr, gritar… a veces es desquiciante, pero casi es su obligación, si no lo hacen ahora ¿Cuándo lo van a hacer?

A los niños hay que empezar a enséñales y educarles desde el principio, claro, eso es fundamental, pero no podemos esperar de ellos que se comporten como adultos, si hay alguien que se tiene que poner en el lugar del otro, en este caso son los padres, solo tenemos que recordar cuando nosotros éramos pequeños, nosotros sí que hemos pasado por eso, sabemos lo mal que sienta que te manden a la cama, o que te interrumpan el juego para comer, o no poder gritar por la casa, solo hace falta tirar de memoria.

He de reconocer que no hablamos diferentes idiomas, pero somos nosotros los que a veces lo cambiamos, por que  a veces, nos empeñamos en cosas absurdas, sin ponernos en su lugar, y sé que eso está mal, lo sé, pero hay días en los que me cuesta recordarlo, tanto, como a ellos recordar que su padre duerme.