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¿Y si tenemos un hijo?

16 Jun

No aporto nada nuevo si digo que  más de una pareja, en plena crisis, decide tener hijos para “arreglar” su relación, para tener un vinculo más fuerte entre ellos, para que sea su pegamento, bien, pues si hay alguien en esta situación que piensa esto, desde aquí le digo, que, si esa es tú motivación, NO LO HAGAS (no suele salir bien)

Es verdad que tener hijos refuerza la relación entre los padres, pero relaciones que ya eran fuertes antes, por que si la relación ya está mal, es endeble e incluso está al borde de la disolución, tener un hijo puede empeorar todavía más esta situación.

Nuestros hijos son maravillosos, de eso no hay duda, pero agotan física y psicológicamente, tampoco hay duda de eso, por ese motivo en muchos casos, pueden minar la relación.  No es nada fácil estar atendiendo a un bebé todo el día, en ocasiones es algo que mina la moral de cualquiera, lo que supone que en estos casos la relación se vea afectada.

Es normal que la relación de pareja sufra con la llegada del bebé, hay que volver a replantearse la vida, reorganizarla, gestionar el tiempo para todo, es un cambio radical, pero eso no todas las parejas pueden soportarlo, si ya están “regular” antes de tener un hijo, después de tenerlo, están más dispuestos todavía a dejar que la relación se enfríe, ya tienen una excusa perfecta, están agotados, e incluso es un tema nuevo de discusión, ya hay más defectos que echar en cara, que si le mimas demasiado o que te toca cambiarle. Y por supuesto salen a la luz, como nueva arma, las ideas que cada uno tenemos sobre la educación. De hecho en los peores casos, el mismo niño se convierte en un medio para hacer daño o de chantaje, y son ellos los que al final pagan los platos rotos.

Los niños no se tienen, o no se deberían tener para arreglar nuestros problemas, de estos tenemos que salir solitos, nuestros hijos, al fin y al cabo son el resultado del amor entre la pareja, y cuando se tienen son un desafío más para ella, porque hay que estar muy compenetrados y muy unidos para que no llegue a desgastar la relación.

Porque las relaciones de pareja, como a los niños hay que atenderlas a diario, hay que trabajarlas también, hay que dedicarles su tiempo, aprovechar los pequeños momentos y saber que se tiene un compromiso más fuerte que el papel, y confiar en la otra persona a ciegas.

Solo el amor y el respeto tienen el poder de unir a las parejas, los niños son el resultado de ello.

Los ejemplos arrastran

14 Jun

Hoy quiero hablaros sobre la vida de nuestros hijos, sobre todo cuando empiezan a ir cole, desde ese momento su vida se convierte en una competición, quieren ser los mejores, caer bien, sacar las mejores notas, ser el más divertido de los recreos, etc. Pero la cosa no acaba ahí, por la tarde, en el parque, sigue la lucha, convencer a los demás de que jueguen a lo que ellos quieren, el juguete que ha traído otro niño, que por supuesto es súper chulo y lo queremos, ver quien salta desde más alto…

Me parece una vida muy estresante, pero hay que reconocer que todos lo hemos hecho, forma parte del desarrollo de su personalidad, se están buscando así mismos, creándose una identidad y es una tarea ardua y difícil, y aunque todos hagan las mismas cosas, o muy parecidas, a medida que crecen van saliendo las diferencias individuales, los hay más pasotas, más cabezotas, más tranquilos, más nerviosos…

Pero llegados a este punto creo que nuestra tarea como padres es ofrecerles un entorno dónde se puedan relajar todo lo posible, y no me refiero a comprarle el juguetito de turno para que no proteste, si no enseñarles a no ser pequeños tiranos, egoístas, nuestra tarea es en enseñarles a compartir, el respeto por los demás, que no son más ni, por supuesto, menos que nadie.

La competencia está bien, pero creo que tampoco tenemos que fomentarla, no es nuestra lucha, ni tenemos que formar parte de ella. He llegado a ver a madres más preocupadas por las notas de los demás que por las de sus propios hijos. ¿Es eso lo queremos  que perciban? Parece que además de lo que ya ellos se presionan, nosotros vamos a estar comparándole, lo que les hace más cruda la lucha. A veces tengo la sensación de que algunos no quieren niños normales, quieren niños perfectos, bien pues siento decir que eso no es posible, creo que se consigue un ambiente más sano, más agradable si asumimos como son, si nos molestamos en escucharles, si con nosotros no tienen que competir e intentamos, en la medida de nuestras posibilidades, que empiecen a sentirse seguros de sí mismos.

Tampoco podemos olvidar que, de momento, somos su ejemplo, somos el espejo en que se miran, si sus padres demuestran su amor, aprenderán a amar, si sus padres comparten, aprenderán a compartir y si reconocemos nuestros errores y pedimos perdón por lo que hagamos mal, a ellos les costará menos reconocer los suyos, todos nos equivocamos, y deben saber que no pasa nada por asumir nuestro error. Nuestra manera de comportarnos es fundamental, es nuestra responsabilidad y tenemos que tener claro qué es lo que queremos transmitirles y llevarlo a cabo, lo que no es nada fácil, y más de una vez tendremos que contener nuestros impulsos, pero sabiendo que es por una causa mayor que nosotros mismos.  Como diría mi padre (aunque no sé de quién será) las palabras conmueven pero los ejemplos arrastran.