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Fin de curso

21 Jun

Después de mi experiencia durante estos últimos días de colegio hoy quiero hablaros sobre las fiestas de fin de curso, dónde los niños intentan sacar lo mejor de sí mismos y se esfuerzan al máximo para cumplir con su papel, pero lo que me llama la atención de estas fechas es el comportamiento de algunos padres.

Les entiendo perfectamente, todos vamos a ver lo mismo, a nuestros hijos, y queremos verles bien, en primera fila si puede ser, y también queremos si se puede que ellos nos vean a nosotros, que sepan que estamos ahí.

El problema viene cuando se nos olvida que no somos los únicos, que hay más gente y de repente nos convertimos en bestias, de repente nos parecemos demasiado a las chicas que salen en la tele esperando ver a su ídolo, y eso ya a ciertas edades es ridículo, bochornoso y egoísta.

En la de mi hijo mayor, en cuanto abrieron las puertas las madres salieron corriendo para dentro, lo peor, es que no solo querían coger un par de sitios, si no filas enteras de asientos vacías para ellas, su familia, otras madres amigas y sus familias también.

Sinceramente, menos mal que los niños estaban dentro y no presenciaron esta lucha sin cuartel para entrar en el salón de actos, por que a mí me habría dado vergüenza.

En la guardería de mi hijo lo que hacen es dar entradas, una por cada niño, válidas para dos adultos y los hermanos, así se ahorran a bastante gente, que lo vean en video.

Pero es que la cosa no se queda ahí, después de conseguir entrar todos y más o menos colocarnos, llega el momento en que somos incapaces de callarnos, por lo que desde el escenario tienen que pedir silencio, ¡como si no supiéramos lo que tenemos que hacer!, pero no contentos con ello, se conoce que echamos de menos que nos llamen la atención en el cole, en plena obra algunas madres se ponen a llamar y a saludar a sus hijos, vamos, para que no pierdan la concentración, pero es aún peor si ya sus hijos no están en el escenario o han terminado, unos directamente se van, sin preocuparles demasiado si el de al lado si que está viendo a su hijo, y a otros se les acaban los motivos para quedarse callados.

Bueno, lo mejor, sin duda, los niños, maravillosos, bailaron, cantaron, teatrillo en inglés ¡fenomenal! aunque me tocó verlo de lejos, la cámara tiene zoom, así que no hay problema, estoy tranquila porqué se que me he comportado, que nos lo hemos pasado genial y que todos hemos disfrutado de este día.

¡Bien por ellos!

Los ejemplos arrastran

14 Jun

Hoy quiero hablaros sobre la vida de nuestros hijos, sobre todo cuando empiezan a ir cole, desde ese momento su vida se convierte en una competición, quieren ser los mejores, caer bien, sacar las mejores notas, ser el más divertido de los recreos, etc. Pero la cosa no acaba ahí, por la tarde, en el parque, sigue la lucha, convencer a los demás de que jueguen a lo que ellos quieren, el juguete que ha traído otro niño, que por supuesto es súper chulo y lo queremos, ver quien salta desde más alto…

Me parece una vida muy estresante, pero hay que reconocer que todos lo hemos hecho, forma parte del desarrollo de su personalidad, se están buscando así mismos, creándose una identidad y es una tarea ardua y difícil, y aunque todos hagan las mismas cosas, o muy parecidas, a medida que crecen van saliendo las diferencias individuales, los hay más pasotas, más cabezotas, más tranquilos, más nerviosos…

Pero llegados a este punto creo que nuestra tarea como padres es ofrecerles un entorno dónde se puedan relajar todo lo posible, y no me refiero a comprarle el juguetito de turno para que no proteste, si no enseñarles a no ser pequeños tiranos, egoístas, nuestra tarea es en enseñarles a compartir, el respeto por los demás, que no son más ni, por supuesto, menos que nadie.

La competencia está bien, pero creo que tampoco tenemos que fomentarla, no es nuestra lucha, ni tenemos que formar parte de ella. He llegado a ver a madres más preocupadas por las notas de los demás que por las de sus propios hijos. ¿Es eso lo queremos  que perciban? Parece que además de lo que ya ellos se presionan, nosotros vamos a estar comparándole, lo que les hace más cruda la lucha. A veces tengo la sensación de que algunos no quieren niños normales, quieren niños perfectos, bien pues siento decir que eso no es posible, creo que se consigue un ambiente más sano, más agradable si asumimos como son, si nos molestamos en escucharles, si con nosotros no tienen que competir e intentamos, en la medida de nuestras posibilidades, que empiecen a sentirse seguros de sí mismos.

Tampoco podemos olvidar que, de momento, somos su ejemplo, somos el espejo en que se miran, si sus padres demuestran su amor, aprenderán a amar, si sus padres comparten, aprenderán a compartir y si reconocemos nuestros errores y pedimos perdón por lo que hagamos mal, a ellos les costará menos reconocer los suyos, todos nos equivocamos, y deben saber que no pasa nada por asumir nuestro error. Nuestra manera de comportarnos es fundamental, es nuestra responsabilidad y tenemos que tener claro qué es lo que queremos transmitirles y llevarlo a cabo, lo que no es nada fácil, y más de una vez tendremos que contener nuestros impulsos, pero sabiendo que es por una causa mayor que nosotros mismos.  Como diría mi padre (aunque no sé de quién será) las palabras conmueven pero los ejemplos arrastran.